Alan Hernández
El juntar un texto del viejo Stephen King y de un director con Oz Perkins, que recientemente inmortalizó una joya como Longlegs suena prometedor desde el primer momento, o al menos levanta expectativa y el resultado es satisfactorio aunque no excelente.
De entrada, es importante aclarar que es totalmente opcional haber leído o no el cuento original, pues toma lo más esencial de su argumento y lo lleva a explorar nuevos horizontes; más actuales pero con la estética que los amantes del horror reclaman: la sangre sin compasión y el humor negro.
La película sigue a Hal Shelburn, quien en esta ocasión tiene un hermano gemelo Bill y ambos encuentran un misterioso mono de juguete de aspecto aterrador que al golpear un tambor con su baqueta, desata una muerte inexplicable y desastroza.
Esto se deja claro desde el prólogo en el que un marinero quiere deshacerse de este juguete (o no) en una tienda de antigüedades, tan solo para dejar ver la primera muerte absurda.
Desde el comienzo también se deja en claro que la película tiene un tono cómico, que no se toma tan en serio a sí misma ni los personajes lo hacen y la trama de la familia disfuncional que resulta luego de tantas muertes cercanas le da un toque de actualidad a la representación de lo familiar más común de nuestro tiempo, a diferencia del libro.
El ritmo de la película es adecuado, inicia con muertes y risas causadas por su absurdes. Sí, como en los 70 y 80, luego plantea un problema más profundo y moral que lo del mono y mientras se vuelve en un argumento de un padre intentando llevarse bien con su hijo, los decesos exagerados y las burlas de la muerte vuelven a hacerse presentes.
Para todos los que quedaron satisfechos con la solemnidad y complejidad de Perkins en Longlegs, deben saber que aquí no la encontrarán y eso será una cuestión más de gustos si se disfruta un filme con este tono, pero sí es un hecho que le da un respiro nuevo a una historia que es hasta cierto punto desconocida y hace pasar un buen rato.
Desafortunadamente el filme llega a ser eso, solo una comedia de horror entretenida, que fácilmente se olvida al otro día de haberla visto, pero por otro lado también consolida a Perkins como un buen director, que puede manejar el horror en más de un tono y dejar películas buenas para un rato o para recomendarse a lo largo de los años.
Finalmente y no menos importante; redescubre al Stephen King que era el maestro del terror e invita a que todos aquellos que no conocieran este argumento, puedan redescubrirlo desde un tono más serio y sombrío. Además prepara a las audiencias para un año que estará lleno de adaptaciones al cine y la televisión de sus trabajos de diferentes épocas.
'El Mono': La película con horror de la vieja escuela